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Long live Les Paul

14 Agosto 2009

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Larga vida a Lester William Polsfuss (mejor conocido como Les Paul), el músico inventor que hizo posible el sonido del rock n’ roll. Murió el día de ayer a los 94 años de edad, pero su legado permanecerá vigente en la cultura por muchos, pero muchos años más.

Su inconformidad con la resonancia acústica lo hizo explorar nuevas formas en los instrumentos musicales desde muy joven. Una de sus creaciones más significativas fue de ‘The Log’ –el tronco–, un macizo pedazo de madera de pino con dos pastillas, un mástil y un puente, que un par de décadas después se convertiría en uno de los mejores inventos del siglo.

A principios de los años cincuenta, cuando la Fender Telecaster apareció en el mercado, los servicios de Les Paul fueron requeridos por la compañía Gibson y ahí desarrolló su mejor idea: la guitarra Gibson Les Paul, ferviente acompañante de cientos de artistas desde entonces.

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El sonido de una Gibson Les Paul, y ningún melómano me dejará mentir, es único en su tipo. Entre la extensa lista de virtuosos que la tocan están Jimmy Page, Slash, Duane Allman, Jeff Beck, Eric Clapton, The Edge, David Gilmour y Keith Richards, nada más y nada menos.

Ha sido una pieza clave en la música popular desde su aparición, pues no sólo definió la línea creativa en las composiciones, sino que aún marca la pauta para muchas de las canciones que hoy suenan en la radio. Es un instrumento con personalidad, tan característico en su diseño como evocativo en su sonido. A pesar de todas las ventajas que ofrece la ingeniería en audio más vanguardista, tocar una Gibson Les Paul continúa siendo un lujo y cuando su ejecución es favorable, no es otra cosa sino joyería para los oídos. Gracias Les Paul.

Escucha Obladi Oblada todos los viernes a la 1pm por Ibero 90.9 con Julia Palacios y Jimena Andrade.

Woodstock Nation‏

7 Agosto 2009

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Hace cuarenta años en Sullivan, un condado en el estado de Nueva York, en una granja de lácteos, medio millón de personas se encausaron a un ritual dionisiaco. Fue en 1969. Fue el año de Woodstock. En un contexto cargado de rebeldía juvenil, inclemencia gubernamental y experimentación sonora, el mundo atestiguó una celebración asombrosa de los valores de la contracultura. Una fiesta de cuatro días que emancipó al cuerpo y al espíritu de todo rigor. El fin de semana del 15 al 18 de agosto, todo tipo de leyendas vivientes desfilaron sin parar ante una multitud mimetizada en un solo discurso: la libre creatividad y el amor. Johnny Winter, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Country Joe & the Fish, Jefferson Airplane, Ravi Shankar, Joe Cocker, Santana, Grateful Dead, The Who y otros tantos artistas talentosos unieron fuerza en una alineación que a la distancia se antoja producto de una alucinación hippie. Woodstock fue la prueba fehaciente de la identidad del joven en los años sesenta. La gente se agregó, bailó, viajó, comió, durmió y fundió su individualidad ante una masa que expresó mediante el deleite artístico su causa más política y más humana. Era tiempo de un cambio de fondo y la forma tuvo lugar en un escenario.

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Ni la lluvia, ni el lodo, ni la víctima por sobredosis de heroína, ni la mujer cuyo apéndice se reventó pudieron opacar el nacimiento de una nación.
Si bien Woodstock no fue el primer festival multitudinario en su tipo, es un hecho que transformó las reglas de la música popular. Desde entonces las reglas cambiaron y los conciertos nunca volvieron a ser los mismos. Para darse una idea de lo que fue basta con tomarse la molestia. Hay documentales, véanlos. Hay música grabada, escúchenla.

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The Mamas & The Papas

31 Julio 2009

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Fue en 1965, durante una tarde ordinaria llena de ocio y televisión, que John Phillips, su esposa Michelle, Denny Doherty y Cass Elliot –después conocida como Mama Cass– idearon el concepto de una de las agrupaciones más incongruentes de la contracultura.

Echados en el sillón, vieron como un miembro de los Hell’s Angels hacía una vulgar declaración en un programa de entrevistas: “algunas personas llaman a nuestras mujeres baratas, pero nosotros sólo las llamamos nuestras mamás”. Y así fue como The New Journeymen se convirtió en The Mamas & the Papas.

A todos los precedía el folk y, en definitiva, el instrumento que más dominaban era su propia voz. Esto, sumado con el comienzo del movimiento hippie, el cual apenas destellaba en la cultura popular, generó una serie de influencias que desencadenó en un primer álbum: If You Can Believe Your Eyes and Ears. El resultado fue una mezcla entre doo-wop, pop y psicodelia.

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El grupo se originó en Nueva York, pero pronto encontró un sitio especial en el sonido de California: el sunshine pop. Este último, en realidad es sólo un apelativo restrictivo que generó la crítica especializada, sin embargo, The Mamas & the Papas dieron mucho más de qué hablar con su música.

Luego de varios álbumes, altibajos comerciales y riñas internas, sucedió algo extraordinario. En 1967, fueron organizadores del Monterey Pop Festival, el evento culminante del Verano del Amor –y del discurso hippie. No sólo fue un acontecimiento que transformó para siempre la industria de la música, sino que lanzó a la fama a un número importante de artistas y definió la esencia de toda una generación.

Fue una banda incongruente, insisto. Ahí, entre la vorágine de la ola inglesa, la pesadez de la psicodelia y las demandas de aquellos que se oponían al sistema, The Mamas & the Papas se mantuvo firme. Con una estética amigable y harmonías vocales descomunales, dejaron un legado muy atractivo en el sonido de la década de los sesenta. Falta escucharlos un poco para comprobar que no todas las hojas son cafés.

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The Pogues: mitad folk, mitad punk

24 Julio 2009

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Quien dijo que el espíritu del punk no puede reencarnar en el folklore irlandés, se equivocó. A mitad de los años ochenta, sumergido entre sintetizadores plásticos, el new wave, el hard rock y el pop, apareció The Pogues.
Inspirados por la anarquía del punk, pero enamorados de los valores tradicionales del folk, Shane MacGowan –con todo y su dentadura casi inexistente– junto con Spider Stacy, Jim Fearnley, Jem Finer, Andrew David Ranken y Cait O’Riordan, concertaron una tregua entre significados sonoros. El sexteto, ya de por sí peculiar en su procedencia –mitad inglés, mitad irlandés– adoptó una línea artística radical. Las canciones, indiscutiblemente políticas, apostaban de forma explícita y con cierta ironía por el liberalismo de la clase trabajadora. Esto, que encajaba a la perfección con la retórica del punk, se vio enriquecido por una serie de melodías provenientes de la Isla Esmeralda, mejor conocida como Irlanda. Además de los típicos sonidos empleados en el rock, la banda rescató el acordeón, el banjo, el setar –una especie de laúd pérsico–, la mandolina y el tin whistle –un instrumento de viento de sumo valor en la cultura celta.

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En el verano de 1984 fungieron como teloneros para The Clash. No sólo tuvieron la oportunidad de tocar con su mayor inspiración, sino que hicieron evidente su enérgica forma de tocar y de manejarse sobre el escenario, lo que les abrió las puertas a la industria discográfica seria.
Bajo el sello Stiff Records salió al mercado Red Roses for Me, un disco que marcó la pauta para muchas otras agrupaciones bajo la premisa de que en la música los puntos de convergencia los construye el artista, sin importar que en apariencia se trate de convocar a los opuestos.
Caracterizaron un conjunto atípico dentro del paisaje cultural del noroeste de Europa. No sólo fusionaron estilos, sino mitos, creencias e historias que adornaron el pentagrama y reconciliaron a la campiña con la taberna, y al océano con el escenario. Vale la pena escucharlos. Quizá no serán los favoritos de muchos, pero en definitiva con ellos se disfruta de momentos sonoros muy evocativos y hasta raros. Se llaman The Pogues y a mí me gustan.

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40 aniversario: el hombre en la luna

17 Julio 2009

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Hace 40 años, la ambición del ser humano lo llevó a la luna. En su afán por conquistar más allá de la frontera terrestre, y en una coyuntura de competencia entre dos proyectos económicos y políticos –mejor conocida como la Guerra Fría–, nuestro satélite natural fue pisado por primera vez en la historia.
Y es que la fascinación que provoca en nosotros el espacio sideral no sólo es irrefutable, sino que se remonta a tiempos ancestrales. La luna, en concreto, ha sido la musa de innumerables artistas. Sus múltiples fases y su mística esencia le han otorgado una connotación protagónica en la cultura popular.
En el caso de la música, la lista de canciones dedicadas a la luna es sumamente extensa. Desde Moonglow que proviene del clarinete de Benny Goodman, hasta Yellow Moon, directo del funk de los Neville Brothers. En particular, un disco que en sí es una oda a la luna, es el Dark Side of the Moon, de 1973. No sólo es el álbum apoteósico en la discografía de Pink Floyd, sino que alude al lado inexplorado del astro y delata la condición caótica del universo.
Más allá de que Captain Beyond, Genesis, The Waterboys, The Police, The Firm y otras tantas agrupaciones hayan sido incentivadas por la luna para componer obras maestras, lo interesante de hacer esta revisión en el acervo sonoro es que el argumento no cambia. La luna inspira, es enigmática y rige la energía de mucho más de lo que imaginamos, pero mientras descubrimos hasta dónde llega su influjo en nosotros, escuchemos su música. Música lunar.

Escucha Obladi Oblada todos los viernes a la 1pm por Ibero 90.9 con Julia Palacios y Jimena Andrade.